No te quedes ahí sentado, haz algo.



Hoy en día, el mundo enfrenta muchos problemas desafiantes, que incluye el cambio climático, la calidad de agua del planeta, el hambre mundial, una economía aparentemente fuera de control, la deforestación y el racismo, por nombrar algunos. Recientemente, busqué en la web la frase “los 10 principales temas urgentes en el mundo” y descubrí más de una lista imperiosa de llamadas urgentes a la acción. Después de leer unas páginas de estos artículos contundentes, me recliné en la silla, como tantas personas que se sienten abrumadas con la creciente complejidad del mundo y temporalmente paralizados. Quería escaparme de la responsabilidad de hacer algo, y a la misma vez, buscaba en mi mente identificar esa acción que podría tomar hoy para marcar una diferencia. 

 No te quedes ahí sentado, haz algo. 

 En mi niñez, no se toleraba estar sentado sin hacer nada, ya que se consideraba ser perezoso. Si no estabas haciendo algo activamente, no tenías ningún valor aparente. Mi abuelo me decía que soñar despierto era una pérdida de tiempo y lo que el mundo necesitaba era la acción. Para él, no importaba lo que sentías o pensabas con tal de que hicieras algo que contribuyera a la solución. Aunque es gratificante hacer algo significativo, me di cuenta de que mi estado mental y emocional afectaba a mis acciones. Si me sentía cansado, enojado o sin muchos recursos, estas emociones influían en mis actividades. Nunca escuché que mi abuelo hablara de las emociones o de la conciencia interior, solo de la acción. A medida que comencé a desarrollar mi vida espiritual y le dediqué más tiempo a estar sentado en silencio para acceder a mi mente tranquila, la voz de mi abuelo en mi cabeza, empezó a insistir que la práctica espiritual era una manera de esquivar mi deber y evitar las obligaciones sociales.  

Estar en el mundo, pero no ser de él. 

 Mi abuelo temía que si me sentaba quieto, me volvería ocioso y me retiraría del mundo, pero no fue así. En cambio, empecé a responsabilizarme por el tono y la actitud con la cual participaba, ya sea en conversaciones acerca de las especies en extinción, los derechos de las mujeres a gobernar sus cuerpos o cualquiera de los múltiples temas candentes de nuestro mundo actual. Me volví más consciente de cuándo mi mente reactiva llevaba la batuta, dominaba la conversación o creaba imágenes enemigas. Me empezó a llamar la atención mi tendencia a culpar a cualquier asunto por mis palabras poco amables. Se me hizo claro cómo tan fácilmente podía justificar mi búsqueda de cualquier objetivo a expensas de la compasión, la comunicación y la colaboración. He tenido que aprender a sentarme en quietud con estos aspectos volátiles de mi mente, a abrazarlos y, aun así, encontrar mi camino hacia el reino tranquilo debajo de la mente superficial. He tenido que aprender cómo estar en el mundo sin estar a merced de mis reacciones viscerales. 

 No te limites a hacer algo, quédate sentado también

 Ahora me he convertido en mi abuelo, con un pequeño cambio de enfoque. Mi llamada urgente a la acción incluye un recordatorio a mí mismo y a los demás, para sentarnos en silencio contemplativo y confiar en esa quietud interior, como si fuera un consejero sabio. La verdad es que puedo eludir mi responsabilidad de sentarme en silencio tan fácilmente como puedo eludir mi responsabilidad de actuar. Ahora entiendo que sentarme en silencio es la contraparte de involucrarse en el mundo de la forma consciente, y he entendido que no hay manera de tener a uno sin el otro. 

 Por el Rev. Edward Viljoen

 Recursos 

Top 10 Most Important Current Global Issues - The Borgen Project (Los 10 problemas globales más importantes) 
World Economic Forum - Top World Issues (Foro Económico Global, los principales problemas mundiales)
 Social Issues, A Blogger's Perspective (Problemas sociales, la perspectiva de un bloguero). 
Institute for Human Rights and Business Top Ten Issues 2021 (Instituto para los Derechos Humanos y el Comercio, Los diez problemas principales del 2021) 
Humanitarian Efforts through Unicef (Esfuerzos humanitarios de Unicef) 

¿Quieres ser más feliz? Deja de hacer estas diez cosas ahora mismo.


 1. Deja de ver demasiada televisión.  

Hay tanta basura en la televisión y tantos anuncios que nos hacen desperdiciar nuestro valioso tiempo. Tengo amigos que me cuentan que se relajan frente al televisor como una manera de descomprimir después de un día estresante en el trabajo. Por supuesto, estoy comprometido con mis programas favoritos y no dejo de verlos. Sin embargo, si te sientes cansado, vulnerable, abrumado y estresado, lo mejor que puedes hacer es no mirar la televisión. En cambio, puedes salir a caminar —una caminata tranquila, lenta, a cualquier hora del día o de la tarde, sin preocuparte del las condiciones meteorológicas, (por supuesto, ¡ponte un impermeable si está lloviendo!) es mucho mejor que mirar la tele para relajar y revitalizar un alma cansada. 

 2. Deja de privarte de un tiempo tranquilo durante tu día para la reflexión.  
Hay infinitas razones por las cuales las personas me dicen que no pueden encontrar el tiempo para sentarse en silencio. Si no quieres estar en quietud o silencio, vas a encontrar razones concretas para justificarlo y no quiero tratar de convencerte. Yo no conozco tu vida ni tu horario lo suficiente como para determinar cómo podrías encontrar el tiempo para sentarte tranquilo durante 15 minutos. Así es que deja de hacerlo. Deja de privarte de una de las prácticas más nutritivas que conozco. Siéntate. Solo siéntate. 15 minutos al día, a primera hora de la mañana si es posible. Te alegrarás de haberlo hecho. 

 3. Deja de depender exclusivamente de tu propio consejo.
  Otra manera de decir lo mismo es esta: deja de no escuchar a los demás. Deja de no tener ninguna forma de que la sabiduría encuentre su camino en tu mente. Deja de depender de ti mismo y permítete beneficiarte de los consejos sabios (y hasta de los no tan sabios) de las personas que te rodean, los expertos en sus campos, los modelos de conducta y otras personas que te quieren. En su lugar, acostúmbrate a preguntar a los demás qué piensan y cuáles son sus ideas. No tienes que aceptar su consejo y sus opiniones, pero encontrarás que tu mundo se expande y que crece tu sentido de comunidad. Definitivamente, estarás haciendo algo que puede contribuir al sentimiento de felicidad: conectándote con otras personas. 

 4. Deja de criticarte a ti mismo cuando cometes un error.
 Si acostumbras a hablarte a ti mismo de manera autodestructiva y cruel porque consideras que lo que dices es privado, ¡te reto a que dejes de hacerlo! Imagínate que durante una semana todo lo que te dices a ti mismo se transcribe instantáneamente y se imprime por encima de tu cabeza para que todo el mundo lo vea. ¿Estarías dispuesto a mostrar el contenido de tu diálogo interior al mundo? Si eres una de las personas que no dudaría en decir “sí”, enhorabuena! Para todos los demás, acepta el desafío de ser un poco más amable, un poco más amistoso y a tratarte a ti mismo de una manera indulgente y simpática. 

 5. Deja de tratar de cambiar a las demás personas.
  Las expectativas no cumplidas son una fuente importante de decepción e infelicidad, incluso de ira. Podemos evitar mucha infelicidad al ajustar las expectativas que tenemos de los demás. No estoy diciendo que las personas no deben cumplir con sus acuerdos o que no deberían comportarse de manera ética, ¡Tienen que hacerlo! Pero el problema es que no lo hacen. Así son las cosas, las personas son personas. Ajustar tus expectativas no quiere decir que no debes tener normas para ti mismo. Tampoco quiere decir que tengas que sufrir sin protestar o estar sujeto a repetidos acuerdos incumplidos. Aun así, puede significar que tengas una vida más amable e incluso más feliz cuando aceptas que los demás son seres humanos y los tratas con un espíritu de generosidad y amabilidad. 

 6. Deja de esconderte detrás del dicho “yo soy así”. 
 Algunas personas dicen la verdad sin pensar en cómo será recibida. “Solo estoy diciendo mi verdad,” anuncian, y con esa afirmación, se alejan de toda responsabilidad por la estela emocional que dejan tras de sí. Algunas personas hacen lo mismo con su personalidad o preferencias. “Yo soy así", y con esa afirmación declaran que sus elecciones están fuera de control. En el momento de decirlo, pueden experimentar una especie de emoción convenciéndose a sí mismos que es la libertad, pero al final, el impacto que produce en las personas que los rodean empieza a hacer mella en las relaciones. Y cuando las relaciones se ven afectadas, la felicidad huye. 

 7. Deja de menospreciar a los demás.
  Lo sé, es difícil ser tan astuto y ver los defectos de los demás con tanta claridad. ¡Pero no eres el único! Todos vemos los defectos de los demás con gran nitidez. Sorprendentemente, podemos hacerlo y, sin embargo, a muchos de nosotros nos cuesta ver exactamente los mismos errores en nosotros mismos. En realidad, es gracioso. Tanto si tienes razón como si te equivocas con las personas, intenta no menospreciarlas durante una semana. Comienza por abstenerte de utilizar un lenguaje despectivo, y luego avanza hacia un nivel de habilidad más alto para abstenerte de utilizar un pensamiento despectivo sobre otras personas. Sé que tu mente se va a volver loca con el problema de qué hacer con toda esa pesadez en la que quiere meterse, pero me estoy quedando sin palabras aquí, así que dejaré que tú lo resuelvas. 

 8. Deja de desear un pasado mejor. ¡Como si pudiéramos hacer algo para cambiar nuestro pasado! No podemos. ¿O si? Alguien compartió esta idea conmigo, cambiamos nuestro pasado cuando aceptamos nuestro presente. Tuve que pensarlo. Me ayudó tremendamente a dejar ir las cosas y estar presente en este momento. Descubrí que estaba invirtiendo muchos recursos mentales y emocionales repensándolo mientras deseaba que hubiera sido mejor. Qué ráfaga de felicidad dejé entrar en mi vida cuando aterricé de forma más sólida en el momento presente con el mismo peso, altura, riqueza y sabiduría que tengo ahora. Para saborearlo y pasar a algo más. 

 9. Deja de aferrarte con demasiada fuerza.
  Un amigo una vez me dijo que yo era un Klingon. Utilizaba a los guerreros ficticios de Star Trek, ya que su nombre sonaba a algo que yo hacía. Me aferraba a todo y a todos. Aunque nos reímos de la astucia cursi de la frase, nunca olvidé el título. Empecé a observar el efecto decreciente de la felicidad cuando me aferraba demasiado a personas, opiniones, objetos y resultados. Al soltar, o para ser más preciso, al dejar ser activamente, la felicidad empezó a brillar en un lugar de mi vida que antes estaba demasiado ocupado: mi mente. 

 10. Deja de quejarte. 
 Quejarse tiene una energía poderosa; no es brillante y alegre; es pegajosa y desagradable. Hay un momento en el que una persona debe defenderse, y hay momentos en los que hay que atender a las injusticias; y cuando no se han cumplido los acuerdos, hay que ocuparse de ello. No obstante, te reto a que experimentes con la idea de que siempre hay una forma más agradable de decir lo que tienes que decir y de pedir lo que tienes que pedir. ¿Quieres ser más feliz? Haz tu propia lista de las cosas que puedes dejar de hacer como lo hice yo. Esta es la mía. No espero que todos sientan igual que yo; esto lo escribe para mí. ¡Te desafío a realizar tu propia lista y a que defiendas tu felicidad! Después de terminar tu lista de las cosas que ya no vas a hacer, ¿qué tal una lista de diez cosas que puedes hacer? 

¡Lo pienso hacer! 

 Rev. Edward Viljoen, Líder espiritual
Centros para la Vida Espiritual

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