La primera vez que esas palabras resonaron en mí, interrumpieron un ritmo mental familiar de una manera bienvenida. Traían consigo un recordatorio de que la claridad no siempre llega a través del esfuerzo o la explicación. A veces la comprensión aparece en silencio, sin drama ni ceremonia. Un susurro. Un empujoncito. Una sensación suave de que algo está listo para revelarse, aunque las palabras aún no hayan llegado.
Hay momentos en la vida que nos invitan a este tipo de escucha. Tiempos cuando el mundo exterior se siente ocupado o demandante, pero algo interior se vuelve más fácil de escuchar. Cuando la atención se suaviza, se abre una pausa. Dentro de esa pausa, puede surgir una claridad que apunta hacia la bondad, hacia la paz, hacia lo que se siente como el siguiente paso honesto.
Muchas personas se preguntan cómo reconocer esta guía interior cuando aparece.
¿Es intuición?
¿Una sensación corporal?
¿Un momento de calma en medio de un día ocupado?
A veces se siente energizante. A veces se siente como estar bien plantado. A veces se siente como un llamado silencioso hacia algo importante, sin urgencia ni presión. La experiencia no es la misma para todos, pero hay una familiaridad compartida en ella. La mayoría de las personas reconocen la sensación de ser guiadas desde adentro, aunque sea brevemente.
Este tipo de guía no discute. No grita. No exige certeza antes del movimiento. Tiende a llegar con una cualidad de facilidad, incluso cuando invita al coraje. No explica todo de una vez. Simplemente ofrece el siguiente paso y confía en que la comprensión crecerá a través de la experiencia vivida.
Hay algo profundamente restaurador en aprender a notar esta señal interior y confiar en ella. No como un mandato y no como una garantía, sino como una relación con la vida misma. Una manera de moverse que se siente alineada en lugar de forzada. Una manera de escuchar que honra tanto el misterio como la sabiduría.
Cuando la atención se dirige hacia esta presencia silenciosa, algo se suaviza. El sistema nervioso se asienta. La perspectiva se amplía. Lo que antes se sentía enredado puede comenzar a sentirse manejable. Lo que se sentía distante puede sentirse más cerca. Hay una sensación de estar acompañado por algo constante e inteligente, incluso en tiempos de incertidumbre.
Quizás eso es parte de por qué los sueños cumplidos pueden sanar de maneras que el análisis solo no puede. Llevan la huella de la alineación vivida. Reflejan una conversación continua con el Poder Creativo de la Vida que se revela con el tiempo, paso a paso, a menudo más suavemente de lo esperado.
Escuchar esa guía tiene menos que ver con esforzarse y más con permitir. Menos sobre el control y más sobre la atención. Es una práctica que se profundiza con paciencia y bondad, y una que permanece disponible, incluso en los momentos más simples.
Bendiciones,
Rev. Dr. Edward Viljoen
Centro para la Vida espiritual, Santa Rosa

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